martes, 4 de marzo de 2014

Fuentes de Micieces de Ojeda: FUENTE LA MORA (Berzosa de los Hidalgos)





Iglesia de Berzosa


FUENTE LA MORA
(JLR)

Terreno de Micieces y Berzosa.
            Está en el terreno de Berzosa de los Hidalgos. Pero como Berzosa pertenece al Ayuntamiento de Micieces (¿también los berzoseños quieren la independencia?), la pongo aquí sin que por ello se ofenda nadie: eso espero. Además yo tengo una razón muy poderosa para hablar de la fuente La Mora. He bebido en ella y he ido a por agua a su manantial muchas, muchísimas, veces cuando las ovejas estaban arriadas en las matas de robles que hay arriba, en el alto, y llevaba la comida a mi padre. Y tengo muy buenos recuerdos de Berzosa, de su gente y, desde luego, de esta fuente.

¿Por qué se llama Fuente de la Mora, Fuente la Mora o simplemente Mora? Que, además, da nombre al valle y a la zona. Hay una tradición, quizá no escrita pero trasmitida desde… siempre, que dice que los moros, cuando subieron a estas latitudes y las conquistaron, vivieron en el monte la Terdiz y su entorno y que, cuando llegó la reconquista a estos territorios, tuvieron que huir y, como no podían llevarse todos sus tesoros, los enterraron en cuevas (dicen que eran sus viviendas) precisamente en ese monte, que hoy pertenece a Villavega, y que en los mapas figura como Monte de Villavega. Desde siempre a los de Villavega se les ha llamado “moros” porque es tradición de que en el pasado algunos de sus vecinos fueron a cavar a la Terdiz por ver si descubrían aquellos tesoros de la leyenda. Parece que no descubrieron nada, pero las hondonadas del monte y una especie de caballones y surcos que aparecen en sus bajos, hoy recubiertos de vegetación, siguen siendo la prueba tradicional de las excavaciones que habían hecho en la búsqueda de aquellos tesoros imaginarios. Es posible que de la leyenda de que los moros tuvieron en ese monte o zona cercana su poblado o morería, arranque el nombre de Mora que se da a esta fuente. Por otra parte, siempre se la ha llamado fuente y no manantial.

¿Sería posible que tomase el nombre de las zarzamoras o de los árboles de morera que podría haber habido en su entorno? Vete tú a saber… Pero la fuente está muy libre de árboles y zarzas y da la sensación de que nunca ha tenido nada junto a ella, ni en lo que es la pradera del valle. Porque el fondo del valle es todo él una pradera limpia, de césped de hierba, grama, y rica en manzanilla cuando es la época. Nunca se le ha llamado “Fuentemora”, que dicen algunos mapas, como dando a entender que el entorno sería “moro”, moreno o negro, o que el agua podría ser ennegrecida. Pero ni el terreno del entorno es oscuro ni el agua nace ennegrecida, sino clara, incolora y transparente. En el lenguaje del pueblo siempre se le ha llamado Fuente de La Mora,  o Fuente La Mora, como indicando a una persona concreta de quien podría tomar su nombre… De todos modos, yo creo que es más bonito que tome el nombre de una leyenda a que lo tome de una supuesta realidad geográfica.

El de La Mora es un valle que nace a la izquierda del camino de Micieces a Oteros y en las estribaciones del Monte de Villavega (mapa de las fuentes), cuya zona alta o montaña conocemos con el nombre de la Terdiz (de 1.049 m.). Va descendiendo suavemente entre dos alturas de brezales y matas aisladas de robles. La ladera de la derecha, según baja el valle, está apenas insinuada, es muy llana, y la de su izquierda es un poco más alta y más vertical, que no escarpada. Hacia la mitad del valle es donde está el manantial, sin otra señal que su afloramiento del suelo y unas piedras (naturalmente cantos rodados) que lo embalsan un poco, lo señalan como fuente y facilitan el beber y llenar alguna vasija. Nada más nacer, su agua va a parar al arroyo Cañamares (de Berzosa, que no tiene nada que ver con otro del mismo nombre que hay en el campo de Micieces), que viene de más arriba, de la misma montaña o alto, y que no es sino un simple regato que la misma agua se ha ido labrando en  la pradera del fondo del valle. Siempre viene seco, a no ser cuando llueve o en invierno que recoge las aguas de las laderas que forman su cuenca. Pues ese arroyo recoge las aguas recién nacidas de la fuente La Mora y son ellas precisamente las que le dan vida a lo largo del año. Y, una vez en él, van a descansar, calentarse en verano o enfriarse en invierno, a un primer tojo o pozo, después pasa a otro, y a otro… Tiene unos cuantos hasta casi el final del valle y de la pradera. Y sigue el camino del sur, se junta y pierde en las aguas del arroyo Sotillo (naturalmente de Sotillo de Boedo) y, finalmente, desembocarán ambos en el río Boedo, allá por las tierras de Calahorra de Boedo. 

Estos pozos o tojos de la fuente de La Mora son similares a los de las adoberas de Micieces. En tiempos también aquí se hicieron adobes y quedaron los huecos de la tierra que se había sacado y que después iba rellenando el agua. Con el tiempo y las riadas que provocaban las tormentas, se fueron taponando de tierra, barro y otros elementos arrastrados, consiguiendo que casi hayan desaparecido ya. No eran pozos cangrejeros, pero alguno suelto había.

Berzosa no tiene tierras de regadío propiamente dicho, pero el agua de La Mora lo utilizaban unos huertos que había a la vera de su arroyo, al final del valle. Y cuando se decidieron a meter el agua en las casas, muchos (estadísticamente hablando, aunque pocos en número porque el pueblo es pequeño) pensaron en el manantial de esta fuente. Pero se convencieron de que la que tenía el pueblo al lado de las casas era más abundante y más fácil de utilizar. Y metieron el agua de esta, y La Mora quedó por libre y yo creo que medio olvidada.


En verano, con el calor del mediodía, cuando las ovejas estaban arriadas a la sombra de las matas de robles que existían en la cima de la ladera izquierda, bajábamos, no siempre contentos, a por su agua por un sendero medio insinuado en la ladera de la brecera, y era agradable mojarse pies, brazos y lo que fuese en su manantial o en alguno de sus pozos. Más de una botella se nos rompió en aquel sendero al subir o al bajar.


Espero que no se haya secado. Su agua era muy buena.

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