sábado, 28 de marzo de 2015

Micieces de Ojeda. CANCIONES. Semana Santa (III).Jueves Santo.

         


Crucifijo (en la sacristía de la Iglesia Parroquial)


   Al igual que nuestros pueblos se van quedando sin gente, su patrimonio cultural activo se va perdiendo. Poemas, romances, canciones, dichos, anécdotas, cuentos... que se cantaban en las iglesias o que nos contaban y cantaban al amor del fuego en  las largas noches invernales, son ya desconocidos para muchos.

¡Y es una pena que se pierdan sin más!


 PASIÓN DE JESÚS  (Se cantaba y se recitaba el Jueves Santo)

Por los dolores y penas
de tu sagrada Pasión
danos, Señor, buena muerte
y tu santa bendición.

¡Oh, jueves, solemne día
para nuestra redención!
Levantaos, pecadores,
con humilde contrición.

Vamos a Jerusalén
Calvario. Retablo de la Iglesia.
a mirar con atención
la más injusta tragedia
que jamás el orbe vio.

Aquel que es Rey de reyes
y de señores Señor,
sólo hace cinco días
que en Jerusalén entró.

Aclamábanle por Rey,
la ciudad se despobló,
abren puertas y ventanas,
recíbenle con honor.

Visten las calles de alfombras
porque es tan grande el Señor,
es justo y es recibido
como buen Emperador.

Poco duró este contento
porque ya le vemos hoy
en manos de sus contrarios,
que tales mudanzas vio.

En cinco días cabales,
¡oh Soberano Señor!,
qué vilipendios os miran
vuestro amante corazón.

               (Se despide de su Madre)

Columna y parte del coro. Iglesia Parroquial.
Con qué pena y amargura,
con qué triste corazón,
con qué llantos y suspiros
se despidieron los dos.

No hay lengua que lo enumere;
la pluma que lo escribió
quedaba anegada en llanto,
pero al fin se despidió.

Entra en el huerto y llegando
al lugar de la oración,
a sus discípulos les dice
que velen con atención.

Velad siquiera una hora,
no caigáis en tentación,
esto les dice y les deja,
el Señor se retiró.

Como si un pecador fuera
el Señor se arrodilló,
se postró sobre una piedra,
a su eterno Padre oró.

Besó la tierra tres veces
y su amante corazón
se arrebató de improviso
con un tal mortal sudor.

Suda sangre todo el cuerpo,
Bóveda. Iglesia Parroquial.
que hasta la tierra regó:
para lavar nuestras culpas
el Señor la derramó.

Pero, ¡ay de los pecadores!:
si este baño del Señor
no se lavan nuestras culpas
veréis vuestra perdición.

Le cargan la cruz a cuestas,
aquel pesado madero,
árbol de la redención
de todo el linaje entero.

Le sacaron por las calles,
por las plazas y cruceros,
diciendo: “¡Muera el traidor
silencioso y embustero!”






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Himno a Micieces de Ojeda