viernes, 17 de octubre de 2014

Los "santos" de Micieces de Ojeda. SAN JULIÁN Y SANTA BASILISA.







SAN JULIÁN  SANTA  BASILISA

-      Ambos nacen en la segunda mitad del s. III  y eran de familias nobles y ricas.

-      Ya de joven, Julián hizo voto de castidad. Mas llegada la edad de casarse, sus padres le preparan la boda y se ve en la obligación de casarse. Pide a Dios poder seguir cumpliendo el voto de virginidad en el matrimonio. El día de la boda, ambos tienen una visión celestial en la que se les dice que su virginidad es posible.

-      Deciden vender sus riquezas y retirarse a una vida de eremitas, cada cual por su lado.

-      Pronto su forma de vivir llama la atención y se les van juntando gentes deseosas de vivir de esa forma, de modo que se ven en la necesidad y obligación de darles unas reglas y dirigir su vida espiritual: así nacieron dos monasterios o casas de personas consagradas, una de mujeres y otra de hombres.
-       Basilisa tiene una visión en la que se le asegura que su esposo morirá mártir y ella de muerte natural. Y efectivamente así sucedió: ella murió de muerte natural antes que Julián, que murió decapitado,  después de crueles tormentos, en la persecución de Diocleciano (s. IV).

-      La devoción a los dos Santos Esposos se extendió pronto por toda la Iglesia: en aquel mundo materialista en el que los conceptos de castidad y virginidad no se valoraban, San Julián y Santa Basilisa resaltaban con fulgores llamativos y extraordinarios. Más o menos como en nuestro tiempo, aunque ahora tampoco se les haga mucho caso.

-      Imágenes: se les suele representar juntos, con un libro en la mano (representando la regla de la orden y símbolo de los fundadores de órdenes religiosas), vestidos de monjes, y a San Julián, a veces a los dos, con la palma del martirio en la mano.


-      En las imágenes del retablo de la iglesia parroquial de Micieces, que dan el nombre a la parroquia, van vestidos de monjes, tienen el libro con una corona (símbolo de su triunfo como santos) y en sus manos derechas deberían llevar la palma del martirio San Julián, y un ramo de lirios o azucenas (símbolo de la virginidad) Santa Basilisa,  pero se les ha roto, se han perdido y sólo tienen los restos por donde los sujetaban.


  • Su fiesta se celebra el 9 de enero.
SAN JULIÁN Y SANTA BASILISA

                          (JLR)

-i-
Mediado el siglo tercero
ya la doctrina cristiana
Micieces de Ojeda
estaba muy extendida
por las provincias romanas.
Mucho sufría la Iglesia
y muchos su vida daban,
que tuvo persecuciones
que mártires generaban.
Y la sangre de los mártires
era semilla abonada
que en nuevos fieles cristianos
copiosa fructificaba.
Semillero de cristianos
fue todo el norte de África
y muchos santos y mártires
de aquellas tierras cristinas
la Iglesia en su Santoral
tiene, venera y los ama.

Iglesia parroquial. Micieces de Ojeda
-ii-
Nace Julián en Egipto
de una familia cristiana
respetable, noble y rica
y por todos estimada.
Ven los padres en el hijo
continuación de su saga,
y el hijo vive feliz
su adolescencia e infancia.
Sus preceptores le enseñan
del saber todas las ramas,
mas su familia es maestra
de la semilla cristiana.
Y mientras crece su cuerpo,
van madurando en su alma
la fe que en Jesús profesa
y de Él sus enseñanzas.
Y va sintiendo aquel joven
clara de Dios la llamada:
vivir quiere como Cristo
una vida pura y casta.
Y generoso hace el voto
de castidad consagrada.
-III-
Por aquellos mismos tiempos
otra familia cristiana
Iglesia parroquial. Micieces de Ojeda
el nacimiento esperado
de una niña celebraba.
Y la llaman Basilisa
porque es reina de la casa.

Educada en lo cristiano,
su vida es pura y casta.
Y, cuando llega la edad,
los padres quieren casarla.
Hermosa y con buena dote,
pretendientes no le faltan:
sus padres a unos no quieren
por ser familias paganas;
otros no van por amor
y ella misma los rechaza.
Buscan y buscan y buscan
un novio para casarla
y en una familia bien
encuentran lo que buscaban:
las dos familias de acuerdo

se ponen de forma rápida.
Es Julián el elegido
y la boda les preparan.

-IV-
Y cuando a Julián le dicen
que ya se debe casar,
Iglesia parroquial. Micieces de Ojeda
que novia ya le han buscado
y buena boda será,
una nube de tristeza
le viene el alma a anegar.
Nada les responde el joven,
nada puede contestar.
- Si es cristiana y ella acepta,
si es rica y una beldad...
- En fin, tienes que casarte
porque ya tienes edad,
porque lo quieren tus padres
y por muchas cosas más...
Un cuchillo de dolor
le ha venido a atravesar.

Y en silencio se retira
y a Dios se ha puesto a rezar.
- El voto que hice, Señor,
¿cómo podré yo guardar?
Te hice voto de vivir
en castidad virginal
y resulta que mis padres
me obligan a desposar:
si a ellos les obedezco,
el voto he de quebrantar;
si fielmente cumplo el voto,
Iglesia parroquial. Micieces de Ojeda
no obedezco su mandar.
¿Qué debo hacer, mi Señor?
Dame luz para acertar.
Entre ayunos y oraciones
deja unos días pasar.
Y cuando estaba rezando
le viene Jesús a dar
solución a su problema
desde visión celestial:
- Podrás vivir de casado
tu virginal castidad,
porque la esposa elegida
con gozo te ayudará.
Cásate como te piden,
no tengas miedo, Julián,
que para Dios imposibles
no los ha habido ni habrá.
Y la boda se celebra
como preparada está
y Basilisa es esposa
de su marido Julián.

-V-
Solos en su habitación
están esposa y marido:
Basilisa, pudorosa
y Julián poco tranquilo;
Iglesia parroquial. Micieces de Ojeda
bella, ella; él, buen mozo,
y los dos algo aturdidos.

- Debes saber, Basilisa,
que a Dios tengo prometido
vivir en virginidad
aunque sea un sacrificio.
No es por ti, que bien mereces
casarte con buen marido.
Mas quiero vivir la vida
pura y casta como Cristo.
- Acepto, Julián, tu voto
que para mí no es castigo,
pues mis padres me mandaron
que me casara contigo:
yo quería morir virgen
más que tener buen marido.

Y juntos los dos rezaron
pidiendo auxilio divino.
La habitación se ilumina
y aparece Jesucristo:
- Me complacen vuestros votos
y os doy mi gracia y bendigo.
Al mundo no tengáis miedo,
que en él seréis mis testigos
demostrando que se puede
vivir como Yo he vivido.

La visión desaparece
Campanario. Micieces de Ojeda
y ellos quedan pensativos.
Vivir bajo el mismo techo
no les parece muy digno,
que al fin y al cabo de carne
son la esposa y su marido.
No es prudente despertar
a un león si está dormido;
si no te quieres quemar,
huye del fuego encendido;
y no se juega con fuego
si hay de un incendio peligro,
La gracia de Dios ayuda,
pero ayúdate a ti mismo:
huye de la tentación
y evitarás el peligro.
Y deciden separarse
como hermanos bien nacidos.
Lo que piensen las familias,
las gentes y los vecinos
habrán de sobrellevarlo
y con paciencia sufrirlo
por vivir castos y puros
como vivió Jesucristo.

-VI-
Iglesia parroquial. Micieces de Ojeda
Los días de celebración
poco a poco se han pasado
y Julián y Basilisa
han vivido como hermanos
y con amor virginal
aunque estuvieran casados.
Pero el sentido común
les dice que separados
podrán más fácil cumplir
los votos que han acordado,
pues, aunque sean ya esposos,
no dejan de ser humanos.

Y se separan los dos
para vivir separados
en sendas casas que están
de la ciudad en dos barrios.
No necesitan riquezas
y a los pobres las han dado,
que para seguir a Cristo
con lo puesto van sobrados.

Las gentes no es que se admiren,
es que les tiene asombrados
que dos que tienen futuro,
y además recién casados,
vendan todo lo que tienen
y vayan por separado
a vivir Dios sabe cómo
Iglesia parroquial. Micieces de Ojeda.
en dos barrios alejados.
Los paganos no lo entienden
pero sí algunos cristianos:
si amor y riquezas dejan,
es que a Cristo han encontrado.

En casas humildes viven
y trabajan con sus manos.
Pasan los días y meses
y quizá pasan los años:
el modelo de sus vidas
comienza a ser admirado
y gentes hay de ambos sexos
que desean imitarlos.
Y poco apoco y seguido
sus casas se van llenando.
A muchachas y mujeres
Basilisa va enseñando.
Maestro, muchachos y hombres
en Julián han encontrado.
Y las dos casas se van
con el tiempo transformando
en pequeños monasterios
llenos de buenos cristianos.
Pila del agua bendita. Micieces de Ojeda.
Pasa el tiempo y son ya tantos
los que en ambos han entrado,
muchos que se han convertido
y otros que ya eran cristianos,
que con el tiempo les surge
la necesidad de ampliarlos.
Y para que la vida en orden
se vaya desarrollando,
una regla a las mujeres
y otra a los hombres han dado,
que todo grupo requiere,
aunque lo sea de santos,
normas que eviten discordias
y hagan de todos hermanos.

Y viviendo según regla
Camino de la Iglesia. Micieces de Ojeda.
los años se van pasando.
Tal fama tiene Julián
de sabio a la vez que santo,
que le piden su consejo
personajes encumbrados,
gobernadores y obispos,
militares y artesanos,
y hasta la gente de pueblo,
y los obreros y esclavos.
Con amor atiende a todos,
sea cristiano o pagano.

A las monjas Basilisa
dirige con suave mano
y en un jardín de azucenas
florece aquel monacato.
     
Siempre había Basilisa
a sus monjas exhortado
con su palabra y ejemplo,
y siempre había animado
a que fuesen siempre fieles
a lo por ellas jurado:
Iglesia parroquial. Micieces de Ojeda
- Si esposas fieles de Cristo
nos hemos a Él consagrado,
¿por qué temer a la muerte,
si Dios nos está esperando?
Y si Dios pide el martirio,
la vida ya le hemos dado
con nuestra consagración
y Él nos la toma a pedazos
día a día, o toda entera
si quieren martirizarnos.
Una aparición del cielo
ven que les está anunciando
la muerte de Basilisa
con el mes y día exactos.
Sólo Julián será mártir
porque así está determinado
en los designios de Dios
que rigen a los humanos.
Y de muerte natural
en el día señalado,
Basilisa muere virgen
aunque se hubiera casado.

Y como virgen figura
en el santoral cristiano.
Llora Julián a su esposa
y llorando la ha enterrado
rezando a Dios por su alma
y por su eterno descanso.

-VII-
Pasan los años deprisa
y el cuarto siglo empezaba.
Imperaba Diocleciano
y, cual otros, decretaba
perseguir a los cristianos
que en el Imperio moraban.
Iglesia parroquial. Micieces de Ojeda.

Era en número la décima
persecución sanguinaria
que la Iglesia padecía
en las épocas romanas.
Con ella se pretendía
que la iglesia se acabara
pues era su jerarquía
la primera sentenciada.
Obispos y sacerdotes
y todo el que destacara
morir debía por orden
que el emperador mandaba:
se acabaría la Iglesia
al quedar decapitada.
Y Julián con otros muchos
por eso mismo quedaban
a merced de injustas leyes
que a muerte les sentenciaban.
Un cruel gobernador,
que Marciano se llamaba,
Iglesia parroquial. Micieces de Ojeda.

manda que a Julián le apresen
y atado allí se lo traigan.
La hoguera ya está prendida,
y los verdugos y guardias
las cosas de los suplicios
en prepararlas se afanan.
La gente, siempre curiosa,
que está llenando la sala
oye lo que van diciendo
y, miedosa, mira y calla.
- ¿Por qué a los dioses no adoras?
- Si adoro a los dioses vuestros,
de Dios Padre renegara.
- La orden del emperador
tú no puedes despreciarla.
- Es Jesús mi emperador
y sólo es Él quien me manda.
Iglesia parroquial. Micieces de Ojeda.

-¿Es ese el crucificado
por la justicia romana?
-Murió por todos los hombres,
y murió porque nos ama.
- Si no adoras a los dioses,
muerte horrorosa te aguarda.
- Todos hemos de morir,
¿qué más da  hoy que mañana?
- ¡Que le azoten cuanto antes,
a ver si así ya se calla!

Y los verdugos comienzan
a darle azotes a manta.
Y tanto empeño ponían
que el uno al otro le arranca
con las púas del azote
un ojo de la su cara.
Blasfemias, ayes, insultos
por la sala resonaban.
Y Julián desde el suplicio
Iglesia parroquial de Micieces (vista por un artista local)

les dice con mucha calma:
- Lavadle con ese ungüento
y untadle muy bien la llaga.
Y cuando hicieron lo dicho,
ponen el ojo en la cara:
Julián bendice al herido
y se llena de fragancia
agradable y nunca olida
el interior de la estancia.
Tembloroso todavía
su rostro el verdugo palpa:
los dos ojos tiene puestos
en su sitio y en su cara.
Arroja el látigo lejos
y a Julián la fe cristiana
humildemente le pide
para que salve su alma.

Marciano que aquello ve
se llena de ira y de rabia:
-¡Que le corten la cabeza
ahora mismo, en esta sala,
Iglesia parroquial. Micieces de Ojeda.

a ese verdugo rebelde
 a las creencias romanas.
Y date cuenta, Julián,
que no me paro en palabras
y horrible muerte le espera
al que a los dioses negara.
- Puedes los cuerpos matar,
mas salvarás nuestras almas,
porque Dios tiene a los mártires
mejor vida reservada.
- Mira, Julián, si renuncias
a tu religión cristiana,
puedo darte yo riquezas
honor, poder  y mudanza
de la vida que tú llevas
que no es más que vida esclava.
Iglesia parroquial. Micieces de Ojeda.

- El poder no lo preciso,
las riquezas no son nada,
mi  honor es el ser cristiano
y mi vida no es esclava,
que a Cristo yo se la di
desde niño porque me ama.
No aguantó más el tirano
y con cólera ordenaba:
- Que le saquen por las calles
con las manos bien atadas,
y que todo el mundo vea
sus carnes ya desgarradas,
y que las gentes aprendan
que la religión romana
no perdona a los cristianos
si de Cristo no apostatan.

-VIII-
Horcajo de las Torres, Ávila.



Entre las gentes que vieron
lo que había sucedido
y viendo están a Julián
horriblemente exhibido,
hay un joven que admirado
todo el proceso ha seguido:
se llama de nombre Celso
y de Marciano es el hijo.
Y tanto le ha impresionado
que estas palabras le ha dicho:
- Me habéis enseñado, padre,
a maldecir a ese Cristo
que Julián cual Dios adora.
Me engañaste, pues he visto
ángeles que le cuidaban
cuando por la calle ha ido.
Me convertiré en cristiano
y el bautismo le he pedido.
Comprender intenta el padre
la locura de aquel hijo.
La madre y demás familia
disuadirle han pretendido.
San Julián y Santa Basilisa.
Bagüés, Zaragoza.

Mas Celso con voz serena
de esta suerte ha respondido:
- No pierde su olor la rosa
por nacer en un espino:
sigue tú pinchando a todos,
que a mí se me ha concedido
dar fragancia de cristiano
al creer en Jesucristo.
A prisión le manda el padre
custodiado por esbirros
y ha mandado a la madre
que se cuide de aquel hijo.

También Julián en la cárcel
está esperando destino.
Antonio, que es sacerdote,
para verlos ha venido
y consigue cada día
Rebolledo de la Torre, Burgos.

pasar desapercibido.
Y Celso al fin se bautiza
como lo había pedido.
Con el paso de los días
la madre se ha convertido
y, sin que le padre lo sepa,
el bautismo ha recibido.
Viendo la fe de los presos
y oyendo lo que allí han dicho,
los soldados que vigilan
abrazan el cristianismo
y todos, sin dilación,
han recibido el bautismo.
El padre, cuando se entera,
ha ordenado enfurecido:
- Que se los coman la fieras
Bagüés, Zaragoza.

por la mañana en el circo.
Salen hambrientas las fieras,
feroces y con rugidos,
y cuando ven a aquel grupo
de cristianos desvalidos,
lamen sus pies y sus manos
como si fueran gatitos.
La cólera de Marciano
se acrecienta al infinito,
y en unas cubas hirvientes
ordena sean metidos.

Nada pasa a los cristianos
y, en vez de sacarlos fritos,
salen tan reconfortados
cual si fuera un baño frío.
Muchos paganos que vieron
los hechos acaecidos,
se convierten en cristianos
renunciando al paganismo.
Monta en cólera Marciano
y ordena que sus esbirros
degüellen a los soldados
sin tardanza y allí mismo.
Cristo con los santos Julián y Basilisa.
(Pompeo Batoni)

Quiere cambiar de sistema
con su mujer y su hijo
y con Antonio y Julián
por ser los más conocidos.
Si consigue convencerlos
de que apostaten de Cristo,
serán puntos que consigue
y en Roma será bien visto.
Y en la cárcel los encierra
y trata de persuadirlos
con halagos y promesas,
con un vivir siempre digno.
Mas ninguno de los cuatro
quiere renegar de Cristo.

Un día que al tribunal
les llevan desde el presidio,
un entierro de paganos
pasaba por aquel sitio.
Y Marcelo, en son de mofa,
a Julián así le ha dicho:
- Ahí, Julián, tienes tú
para tu juicio un testigo.
Reza Julián a su Dios
y aquel muerto ha revivido
San Julián y Santa Basilisa.
Rebolledo de la Torre, Burgos.

y de la caja del muerto
aquel muerto sale vivo
maldiciendo de los dioses
y creyendo en Jesucristo.
No aguanta ya más Marcelo
y manda que el muerto-vivo
sea allí decapitado,
que no vale de testigo.
La procesión del entierro
de aquel muerto redivivo,
al muerto nuevo se lleva
y se va por su camino.

-IX-
Mas el tirano no cede:
ni le convencen milagros
ni ablandan su corazón
los suplicios que ha mandado.
Cuando el odio llena el alma,
no se ve lo que está al lado,
ni se ve lo que se mira
cuando se es un fanático.
Lleno de rabia, Marcelo
a todos manda matarlos:
Portada de la Iglesia. Isla, Cantabria.

a su hijo, que le quemen;
que a su mujer sin cuidado
le den suplicio y tormento
hasta que muera penando;
los ojos les sacarán
a Antonio y a un Atanasio;
y Julián, por más culpable,
que muera decapitado.
Se disponen los verdugos
a ejecutar lo mandado,
mas sus brazos y sus cuerpos
se quedan paralizados:
por más que quieren no pueden,
como estatuas se han quedado.
Marcelo que ve el suceso,
con gran cólera ha ordenado:
- Que los degüellen a todos,
que sean decapitados.
Y allí mismo y sin tardanza
sus cabezas han cortado.
De roja sangre se cubre
el suelo que están pisando:
Horcajo de las Torres, Ávila.

los cinco al cielo subieron
como mártires triunfando.
Los cristianos los recogen
para poder enterrarlos
y la sangre que pisaban
en nieve se ha transformado.

Fue el suceso en Antioquía
comenzando el siglo cuarto:
el nueve de enero era
y trescientos ocho el año.
Sus nombres están inscritos
en el Santoral cristiano.

Dicen que poco después
fallecía aquel tirano
entre dolores horribles
y comido de gusanos.
San Julián y Santa Basilisa. Valladolid.



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Himno a Micieces de Ojeda